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La incertidumbre que aparece cuando nos embarazamos

Hay algo que muchas veces no se dice con suficiente honestidad, cuando nos embarazamos, no siempre aparece solamente alegría. Y eso no esta mal.

La incertidumbre que aparece cuando nos embarazamos

A veces también aparece incertidumbre.

Incertidumbre por el cuerpo que empieza a cambiar.
Por la vida que se transforma.
Por el bebé que está creciendo dentro nuestro.
Por el parto.
Por la economía.
Por la pareja.
Por otrxs hijos, si ya los hay.
Por la maternidad que se viene.
Por la mujer que estamos dejando de ser y por la madre que está naciendo.

Y aunque el embarazo sea deseado, amado y esperado, eso no significa que todo sea certeza, calma y felicidad permanente.

El embarazo es un portal
Y como todo portal, nos mueve

Nos abre preguntas que quizás antes no estaban.
Nos pone frente a nuestra historia, nuestros miedos, nuestras memorias familiares, nuestros vínculos, nuestras creencias y también frente a nuestra capacidad de confiar.

Porque gestar una vida no es solamente un proceso físico.
También es un proceso emocional, energético y espiritual.

Mientras el cuerpo crea, el alma también se acomoda.

A veces una puede sentirse profundamente agradecida y, al mismo tiempo, tener miedo.
Puede amar a su bebé y también preguntarse si va a poder.
Puede imaginar el nacimiento con emoción y, a la vez, sentir dudas.
Puede sentirse poderosa algunos días y completamente vulnerable otros.

Y todo eso no nos hace menos madres
Nos hace humanas

La incertidumbre en el embarazo no siempre viene a decirnos que algo está mal.
A veces viene a mostrarnos que estamos atravesando una transformación enorme.
Que estamos cruzando un umbral.
Que una nueva versión de nosotras está naciendo junto con nuestro bebé.

Muchas veces queremos controlar todo para sentirnos seguras, leer más, saber más, preparar más, anticiparnos a todo.
Y claro que informarnos puede ayudarnos muchísimo.
Pero también hay una parte del embarazo que nos invita a aprender a habitar lo desconocido.

A respirar dentro de la pregunta.
A confiar sin tener todas las respuestas.
A escuchar el cuerpo.
A pedir sostén.
A reconocer lo que sentimos sin juzgarnos.

Porque la certeza absoluta no siempre llega.
Pero sí puede aparecer una confianza más profunda.

Una confianza que no nace de tener todo bajo control, sino de empezar a sentir “aunque no sepa exactamente cómo será, voy a poder transitarlo paso a paso”.

Quizás no se trata de eliminar la incertidumbre.
Quizás se trata de aprender a acompañarnos dentro de ella.

Con más amor.
Con más presencia.
Con más suavidad.
Con más verdad.

Si estás embarazada y estás sintiendo dudas, miedo, ansiedad o muchas preguntas internas, quiero recordarte algo, no estás sola, y no tenés que vivir este proceso intentando demostrar que todo está perfecto.

Podés estar feliz y sensible.
Podés estar agradecida y asustada.
Podés confiar y dudar.
Podés amar profundamente a tu bebé y necesitar tiempo para acomodarte a todo lo que este embarazo despierta en vos.

La maternidad consciente no es negar lo que sentimos.
Es animarnos a mirarlo con amor.

Y tal vez, en medio de tanta incertidumbre, una práctica simple pueda ser volver a vos.

Llevar una mano al corazón.
Otra mano al vientre.
Respirar profundo.
Y decirte internamente...

“Estoy aprendiendo.
Estoy gestando.
Estoy transformándome.
No necesito tener todas las respuestas hoy.
Puedo ir paso a paso.
Puedo confiar en mi cuerpo, en mi bebé y en la vida que nos acompaña.”

Porque a veces la medicina no está en saberlo todo.

A veces la medicina está en permitirnos sentir, respirar y recordar que cada embarazo también es un camino de regreso a nuestra propia sabiduría.


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